Mira.
Hay soluciones que han existido por miles de años, y aún no las hemos aprendido.
Hace muchos milenios, surgió una filosofía llamada Estoicismo.
Su objetivo es encontrar la manera de vivir bien la vida y alcanzar nuestro máximo potencial.
Una de sus premisas fundamentales es que hay dos tipos de problemas en la vida: los que tienen solución y los que no.
Si un problema tiene solución, no hay razón para preocuparse. Y si no la tiene, tampoco hay razón para preocuparse.
El estoicismo enfatiza que hay cosas que podemos controlar y en las que podemos actuar, mientras que hay otras que están fuera de nuestro control, y no tiene sentido preocuparse por ellas.
Un ejemplo que ilustra esto es el de un arquero. Puede controlar la selección de la flecha, cómo tensa la cuerda, a dónde apunta, cómo calcula la caída y el viento.
Pero una vez que la flecha sale del arco, ya no hay nada que pueda hacer.
Si hay un cambio de viento o algo se interpone en su camino, ya no es su responsabilidad.
Debemos abordar nuestro trabajo de la misma manera.
Podemos hacer todo lo que nos corresponde: crear el mejor diseño, enviar la mejor propuesta.
Pero una vez que sale de nuestro control, no vale la pena preocuparse por ello.
Durante mucho tiempo, me preocupé por algo.
Imagina que es lunes y tienes que enviar los pagos para el sábado. Haces lo que te corresponde: el levantamiento, los generadores, la estimación, la factura, etc.
Cuando envío todo, he hecho lo que me corresponde.
Sin embargo, durante años, tuve pesadillas durante el resto de la semana sobre lo que pasaría si no me pagaban.
Siempre me pagaban, pero esa preocupación me desgastaba hasta que comprendí que no ganaba nada con ello.
Ahora tengo otras mil preocupaciones, pero me enfoco en lo que puedo controlar.
Enfócate en lo que puedes controlar y deja que el universo se ocupe de lo que no puedes.
Si tienes algo en mente para colaborar (una casa, una idea o una conversación), escríbeme.
Hasta aquí por hoy.

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