Mis hijos pasan horas jugando Minecraft. Construyen casas en árboles, refugios dentro de cuevas y ciudades bajo el agua. Lo hacen con una facilidad que me sorprende. Pueden pasar toda una tarde imaginando, construyendo y modificando cosas sin preocuparse demasiado por llegar a algún lado.
Frecuentemente me invitan a jugar con ellos.
Y aunque lo he intentado varias veces, siempre me pasa lo mismo: después de unos minutos comienzo a preguntarme cuál es el objetivo. ¿Qué hay que lograr? ¿Cómo se gana? ¿Qué sigue después?
Como no encuentro respuestas claras, termino proponiendo otro juego más lineal, uno donde exista una meta y pueda sentir que algo avanzó.
Hace poco me di cuenta de que quizá el problema no es Minecraft.
El problema es que me acostumbré a que todo lo que hago debe tener una meta final.
Un proyecto se termina. Un libro se acaba. Un curso se completa. Un videojuego se pasa. Estoy tan acostumbrado a medir las cosas por el resultado que me cuesta disfrutar actividades que existen simplemente para ser disfrutadas.
Y creo que esa forma de pensar se extendió mucho más allá de los videojuegos.
Durante años llegué a sentir que pasar tiempo con amigos o con la familia era una pérdida de tiempo porque no producía nada tangible. No había una meta alcanzada, un proyecto terminado o algo que mostrar al final del día.
Pero viendo a mis hijos entendí algo.
Ellos no juegan Minecraft para ganar.
Juegan porque disfrutan construir juntos. Porque les gusta imaginar. Porque se divierten compartiendo el momento.
Quizá yo también podría disfrutar Minecraft, no por el juego en sí, sino por estar con ellos.
Y quizá esa es una lección que vale para muchas otras cosas.
No todo necesita una meta.
Algunas de las experiencias más valiosas de la vida no producen nada medible. No generan un logro, una recompensa o un resultado visible.
A veces el verdadero valor está simplemente en compartir una tarde construyendo una casa en un árbol con las personas que más quieres.
Construir una carrera también implica construir una vida que valga la pena vivir.
Si eres arquitecto y buscas mayor claridad, enfoque y equilibrio profesional, estaré encantado de acompañarte en una mentoría 1 a 1.
Agenda una sesión aquí →
https://arqeochoa.com/mentoria

Deja un comentario