Después de más de 20 años de prueba y error —estudiando, leyendo y aprendiendo de distintos métodos— quiero compartirte cómo hago hoy para (intentar) llevar a cabo mis tareas.
No es un sistema perfecto. No pretende serlo. Es simplemente el que hoy me permite trabajar, pensar y no sentir que siempre voy tarde.
Mi recorrido en la productividad
Cuando empecé en la arquitectura, hace ya más de 20 años, no existían ni las herramientas ni la información que hoy damos por sentadas. En la escuela nadie nos hablaba de productividad, así que tocaba improvisar y crear metodologías sobre la marcha.
Siempre he sido de cargar papel y lápiz en el bolsillo. El problema no era la herramienta, sino la falta de método. Hacía listas enormes de pendientes, sin control real. Para sentir que avanzaba, tachaba lo más rápido y sencillo… dejando siempre para después lo importante.
Un día, mientras corría, escuché un podcast de Enrique Alario donde hablaba de GTD. Ahí me cayó el veinte: alguien más ya había pensado y estructurado eso que yo estaba intentando inventar.
Como buen muchacho con hiperenfoque y obsesiones intermitentes, me clavé. Aprendí el método, lo implementé y funcionó. Hice más cosas, saqué más trabajo y me sentí eficiente.
El problema vino después. Al ser empleado, esa eficiencia me convirtió en víctima de mi propio éxito: más trabajo, más responsabilidades… y otra vez la misma sensación de saturación.
Tengo una obsesión por experimentar, aprender y poner en marcha ideas, así que he probado muchas técnicas y metodologías. Te comparto algunas, con lo bueno y lo no tan bueno.
GTD
Me gusta mucho, incluso hoy. La captura rápida, los buzones, las revisiones. Tiene lógica. Hay herramientas muy bien hechas como Todoist, Omnifocus o incluso Recordatorios de Apple si sabes configurarlo.
Lo que no me gusta es el mantenimiento. Si no lo cuidas constantemente, el sistema se vuelve pesado y deja de servirte.
Bullet Journal
Mi favorito en teoría. Amo los cuadernos, el dibujo y la libertad creativa.
En la práctica no me funcionó. Mantener un BuJo bonito y funcional requiere tiempo y energía, y cuando manejas muchas tareas, se vuelve una carga más.
Agendas físicas
Usé agendas como Full Focus Planner y otras similares. Funcionan, pero en un trabajo como el mío —con visitas de obra y días fuera de la oficina— se vuelven poco prácticas de cargar.
Notion
Durante años centralicé todo ahí: calendario, proyectos, CRM, tareas y finanzas.
Es una herramienta potentísima, pero llegué a una conclusión simple: es decente en todo, pero no es la mejor en nada. Prefiero herramientas especializadas.
Pomodoro
Sencillo y efectivo para el enfoque. Yo lo adapto: trabajo 60 minutos (25 se me hace poco), descanso 10. Reviso mensajes, tomo agua y regreso.
Con el tiempo entendí algo importante: las herramientas que mejor me funcionan son las digitales estas son las que me permiten capturar rápido, dar seguimiento desde cualquier lugar y no exigir demasiado tiempo en su mantenimiento.
Pero antes de hablar del sistema, hay algo más importante.
Claridad
Hagas lo que hagas, nunca será suficiente. Mientras más haces, más cosas aparecen por hacer. Es una trampa.
La pregunta no es cuánto haces, sino qué vale la pena hacer.
Para mí, la claridad se sostiene en cuatro hábitos:
- Tengo claros mis objetivos a 12 semanas, y priorizo tareas alineadas con ellos.
- Cada semana reviso qué es realmente importante hacer en los siguientes días.
- Todas las mañanas escribo mis páginas matutinas, donde bajo a tierra el día: pendientes, trayectos y tiempos.
- Cada noche hago una autoevaluación sencilla: qué logré, qué no, cómo me sentí y qué me drenó energía.
No es control obsesivo. Es conciencia.

Mi sistema de gestión de tareas
Mi sistema actual es probablemente el más simple que he tenido. Y además es gratuito si usas dispositivos Apple: Recordatorios, Calendario y Notas.
Así es como funciona:
- Cuando surge una tarea, le hablo a Siri y digo: “Recuérdame esto”. Todo cae en una lista llamada Buzón.
- Una vez al día proceso ese buzón y asigno cada tarea a su lista correspondiente.
- Si algo es urgente, lo programo para un día específico. Si no, espera su momento.
- El domingo hago mi revisión semanal. Selecciono lo que sí va esa semana y lo marco con bandera.
- Cada mañana elijo qué tareas van en Hoy.
- Asigno cada tarea a una franja del día: mañana, tarde o noche.
- Rara vez bajo al minuto exacto. Prefiero flexibilidad.
- En el Calendario bloqueo horas para actividades que requieren lugar y traslado, incluyendo tiempos de movimiento.
Cuando una tarea necesita contexto —listas, ideas, correcciones— la escribo en Notas y vinculo el recordatorio a esa nota.

Cómo elijo mis herramientas
En el libro Proyecto Productividad se habla de tres áreas clave que realmente importan:
Tiempo. El tiempo es finito. Primero decido qué vale la pena hacer, si queda tiempo hago otra tarea menos tan importante. Nunca al revés.
Atención. Una cosa a la vez. Saber qué toca y cuándo reduce muchísimo el desgaste mental, y asignar pomodoros de enfoque.
Energía. Dormir bien, comer mejor y conocer tus picos de energía y programar tareas de acuerdo a esto, cambia por completo cómo trabajas.
Hoy mi sistema de productividad no busca hacer más cosas, sino hacer las correctas.
Aceptar que no puedo con todo ha sido, paradójicamente, lo más productivo que he aprendido.
Te mando un abrazo,
Enrique
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