Bienvenido a Café con el Arqui. Cada miércoles respondo una pregunta sobre arquitectura, creatividad y el oficio de ser arquitecto. Si tienes alguna pregunta, envíamela y con gusto la responderé en una próxima edición.

Durante mucho tiempo pensé que el bloqueo creativo era simplemente parte de la profesión. Había días en los que me sentaba frente al plano esperando que apareciera una gran idea y, cuando no sucedía, asumía que ese día la inspiración había decidido no presentarse.
Con los años descubrí que estaba equivocado.
Hoy creo que la creatividad rara vez llega antes del trabajo. La mayoría de las veces aparece mientras estamos trabajando.
La inspiración necesita un lugar para aparecer
Con el tiempo fui construyendo un pequeño ritual que me ayuda a entrar en ese estado de concentración donde las ideas comienzan a tomar forma.
Me gusta trabajar muy temprano por la mañana o muy tarde por la noche. Son momentos en los que el teléfono deja de sonar, las redes sociales pierden importancia y el mundo parece ir un poco más despacio.
Enciendo una pequeña lámpara.
Preparo un café.
Me pongo los audífonos.
Y simplemente comienzo.
No hago todo eso porque crea que el ritual tiene poderes especiales. Lo hago porque le está enviando una señal a mi cerebro: es momento de crear.
Los primeros cinco o diez minutos suelen ser algo dispersos. Todavía estoy acomodando ideas, revisando bocetos o escribiendo cualquier cosa. Pero poco a poco entro en un estado donde el tiempo deja de importar. Hay ocasiones en las que pasan dos o tres horas sin que me dé cuenta.
Y cuando una idea realmente prende, puedo trabajar durante horas hasta sentir que quedó completamente resuelta.
El verdadero enemigo de la creatividad
Muchas personas creen que el problema es el bloqueo creativo.
Yo creo que el verdadero problema son las interrupciones.
Cada llamada, cada mensaje, cada pendiente de la obra, cada reunión inesperada o cada visita rápida a las redes sociales me obliga a salir del estado de flow.
Y volver a entrar cuesta mucho más de lo que imaginamos.
No solo perdemos cinco minutos.
Perdemos el ritmo, la concentración y la conexión con el problema que estábamos intentando resolver.
Por eso protejo tanto esos momentos de trabajo profundo.
Hay ideas que no aparecen frente al escritorio
Aunque debo admitir algo.
El ritual no siempre funciona.
Hay días en los que simplemente no encuentro la solución.
Antes insistía durante horas pensando que, si permanecía suficiente tiempo frente a la computadora, la idea terminaría apareciendo.
Hoy hago exactamente lo contrario.
Salgo a caminar.
Manejo sin prisa.
Corro.
Voy a nadar.
Necesito darle espacio a la mente para conectar cosas que frente a la pantalla no está logrando ver.
Muchas de mis mejores ideas no nacieron en el estudio.
Nacieron lejos del escritorio.
Y cuando finalmente aparecen, regreso a trabajar con una claridad completamente distinta.
Las ideas son frágiles
También aprendí que las ideas tienen un pequeño defecto: desaparecen muy rápido.
Por eso nunca confío en mi memoria.
Siempre llevo una libreta de bolsillo y tengo un atajo en mi teléfono que convierte mis notas de voz en texto. Si una idea aparece mientras manejo o camino, la capturo inmediatamente.
Incluso cuando siento que no tengo nada interesante que escribir, abro la libreta y comienzo a dibujar o a escribir cualquier cosa.
Sin presión.
Sin esperar una idea brillante.
Simplemente empiezo.
Y casi siempre ocurre lo mismo.
Las ideas comienzan a aparecer una detrás de otra.
Creo que muchas veces hay que provocar la creatividad en lugar de esperar que llegue por arte de magia.
Hacer silencio
Si hoy un arquitecto joven me dijera que siente que perdió la creatividad, le respondería que probablemente no la perdió.
Lo más seguro es que haya demasiado ruido en su vida.
Vivimos rodeados de notificaciones, pendientes, reuniones, preocupaciones y distracciones constantes.
Todo ese ruido hace muy difícil escuchar nuestras propias ideas.
Me gusta imaginar que nosotros somos una antena.
Y que las ideas están vivas, flotando a nuestro alrededor, esperando que alguien las capte y las traiga al mundo material.
Quizá la creatividad nunca desaparece.
Tal vez solo necesitamos hacer un poco de silencio para volver a escucharla.
Frase para recordar
“La creatividad no llega antes del trabajo. Aparece cuando creamos las condiciones para escucharla.”
¿Y tú?
¿Qué haces cuando sientes que el bloqueo creativo aparece? ¿Tienes algún ritual que te ayude a entrar en estado de flow?
Déjame tu respuesta en los comentarios o envíame tu pregunta. Quizá sea la protagonista de un próximo Café con el Arqui.
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