
Vivimos en una época donde aparecen nuevos programas de arquitectura cada año. Modelado BIM, renderizado en tiempo real e inteligencia artificial prometen acelerar el proceso de diseño y producir mejores resultados. Es fácil pensar que el software determina la calidad de un proyecto, pero después de muchos años diseñando casas he llegado a una conclusión distinta: la mejor arquitectura no nace en la computadora.
Nace mucho antes.
Siempre me preguntan si todavía dibujo a mano. La respuesta es sí, aunque hoy ese dibujo ocurre muchas veces sobre un iPad con Apple Pencil. Para mí no representa abandonar el dibujo tradicional, sino evolucionarlo. Tengo todos mis cuadernos, mis herramientas y mis bocetos en un dispositivo ligero que puedo llevar a cualquier reunión, a una visita de obra o al terreno donde comenzará un proyecto. Aplicaciones como Morpholio Trace me permiten aprovechar la tecnología sin perder la libertad y la rapidez del trazo manual.
Cuando ya conozco el terreno, entiendo las necesidades del cliente y tengo toda la información necesaria, comienza una etapa que considero esencial: pensar. Y mi manera de pensar es dibujando.
Dibujo para entender el lugar. Dibujo para descubrir relaciones entre los espacios. Dibujo para explorar alternativas. Dibujo para aclarar ideas que todavía no están completamente definidas. Incluso durante la construcción sigo recurriendo al dibujo para resolver detalles o comunicar una solución de manera inmediata.
Nunca comienzo modelando directamente en Archicad.
Archicad es una herramienta extraordinaria para desarrollar y documentar un proyecto, pero el dibujo sigue siendo mucho más rápido cuando se trata de explorar posibilidades. En pocos minutos puedo hacer diez versiones de una misma idea, comparar soluciones y descubrir caminos que probablemente no habría encontrado si desde el principio estuviera condicionado por un modelo tridimensional.
Ese, desde mi punto de vista, es uno de los mayores problemas del diseño actual. Muchas veces confundimos modelar con diseñar. El software obliga a tomar decisiones desde el inicio, mientras que el dibujo permite mantener abiertas todas las posibilidades. Y cuando exploras más opciones, aumentan las probabilidades de encontrar una solución verdaderamente valiosa.
La creatividad necesita libertad antes que precisión.
Por eso considero que el proyecto surge con el dibujo y con la reflexión. La computadora llega después para representar, coordinar y documentar aquello que ya fue pensado.
No se trata de rechazar la tecnología. Al contrario, hoy utilizo herramientas digitales todos los días y forman parte de mi trabajo. Pero intento que cada una ocupe el lugar que le corresponde. El iPad y el Apple Pencil me ayudan a pensar con la velocidad del dibujo tradicional; Archicad me ayuda a construir esa idea con rigor técnico.
Al final, ningún software diseña una buena casa por nosotros.
Lo que realmente hace la diferencia sigue siendo la capacidad del arquitecto para observar, escuchar, cuestionar y explorar antes de decidir. El dibujo, ya sea sobre papel o sobre una pantalla, continúa siendo una de las herramientas más poderosas para lograrlo.
Perfecto. Para ArqEochoa el cierre del artículo quedaría mejor orientado al libro “Las 12 Lecciones” y con una invitación a enviar preguntas para la sección Café con el Arqui.
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Café con el Arqui nació precisamente para responder las dudas que arquitectos, estudiantes y apasionados del diseño me hacen con frecuencia.
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