Después de probar casi todos los programas de diseño arquitectónico, entendí algo simple: el mejor software no es el más potente, es el que mejor se adapta a cómo piensas.
En este artículo comparto el sistema que utilizo en cada etapa de un proyecto de vivienda —desde la primera llamada con el cliente hasta la obra— y por qué decidí simplificar mi flujo de trabajo.
No hablo de tendencias.
Hablo de lo que me hace feliz para hacer mi trabajo.

Deja un comentario