Te voy a compartir una gran lección que nos dio un profesor en la universidad.
Estudié en el Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño de la gloriosa Universidad de Guadalajara, una de las sucursales del cielo justo al borde de la Barranca de Huentitán, por ahí del 2005.
Esa era otra época, donde prácticamente toda la carrera dibujábamos planos a mano y el AutoCAD era un extra al final de la carrera.
El primer semestre tuve un maestro al que le decían “Torero”, una persona súper optimista y siempre agradable que hizo que el primer semestre fuera muy ameno, cosa distinta a mi profesor del segundo semestre que me hizo dudar de mi pasión, pero eso te lo cuento en otro correo.
Este profesor, en alguna ocasión, nos preguntó cuál es la mejor herramienta para trabajar, y la respuesta es muy sencilla.
La mejor herramienta para trabajar es la que tienes a mano. Muchas veces queremos esperar a tener la mejor computadora, la tablet, el Moleskine y la Montblanc para hacer algo.
A mí me pasaba cada que iniciaba un proyecto que tenía que pedir una libreta especial para el proyecto, tenía que estar de humor, en mi escritorio, en mi computadora para comenzar.
Pero en arquitectura, una idea puesta en un costal de cemento es tan válida como en un Moleskine con tinta Montblanc. Lo importante es no dejarla ir.
Así que siempre llevo una pequeña libreta con un bolígrafo, y cada que surge una idea, la pongo ahí. Si no la traigo, le dicto al teléfono.
No dejes las ideas en la mente. La mente no está diseñada para guardarlas, sino para crearlas.


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