
Existe una mala costumbre en redes sociales que cada vez veo con más frecuencia: pensar que para destacar es necesario atacar.
Parece que hoy muchas personas creen que la mejor forma de llamar la atención es decir algo en contra de alguien, provocar enojo o generar una discusión.
Y la realidad es que funciona.
Una publicación polémica puede generar cientos de comentarios, muchas respuestas y un gran alcance. El problema es que algunas personas confunden ese movimiento con construir una comunidad.
Porque no toda atención tiene valor.
Hace algunos años conocí el caso de una influencer con millones de seguidores que decidió lanzar una marca de ropa para mujeres.
Desde afuera parecía una apuesta segura. Tenía una audiencia enorme, mucha visibilidad y miles de personas pendientes de su contenido.
Pero cuando llegó el momento de vender, ocurrió algo inesperado: no logró colocar su primer lanzamiento.
El problema no estaba en el producto.
El problema estaba en entender quién era realmente su comunidad.
Sus seguidores estaban ahí por una razón específica, pero esa razón no estaba relacionada con la compra que ella quería generar.
Había atención, pero no existía una conexión profunda.
Esto me recuerda algo que también pasa en arquitectura.
Un edificio puede ser enorme y aun así no tener alma. Otro puede ser sencillo, pero lograr que las personas recuerden cómo se sintieron al estar dentro.
El valor no siempre está en el tamaño.
Está en la experiencia que construyes.
Con una marca personal ocurre lo mismo.
Puedes tener miles de seguidores y poco impacto real. También puedes tener una comunidad pequeña que confía en tu trabajo y acompaña tu camino.
Por eso debemos pensar bien en lo que publicamos.
No todo el ruido es crecimiento.
No toda polémica construye autoridad.
La atención puede conseguirse rápidamente, pero la confianza tarda años en construirse.
Al final, una marca personal no se construye buscando que todos hablen de ti.
Se construye haciendo que las personas correctas quieran quedarse.
Saludos,
ArqEochoa
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