Mira.
En mi trayectoria, en su mayoría me han tocado buenos clientes, pero no siempre.
Hace unos años, trabajé con un cliente con el que varios conocidos ya habían tenido mala experiencia. Pensé que no habían sabido tratarlo, así que decidí darle una oportunidad. Todos me advirtieron: “No te metas con ese cliente. No conviene. Escuché anécdotas de contratistas que tuvieron problemas con él”. Pero tenía diez terrenos, lo que significaba diez proyectos, y eso era muy tentador para cualquiera.
Empezamos la casa, y efectivamente, fueron problema tras problema. Se le ocurría que no quería pagar algo, y o lo financiaba yo o no se hacía y al rato los problemas. Así la llevamos hasta el final de la obra, aguantando su mal genio. Era prepotente y hablador; eran pleitos cada semana.
Ya había diseñado tres proyectos que eran los que seguían. Al cerrar la obra, le metí todo para entregarlo al 100%. Ya entregada, no me quiso pagar. Me trajo a vueltas y me propuso que así lo dejara, que en las otras me recuperara. Le dije que no me interesaba continuar.
Se molestó y nunca me pagó, trabaje y lo soporte meses para que al final me robara.
Hace poco, hice un diseño de una casa. Me gustaba el terreno y las posibilidades, pero detecté algo parecido a mi antiguo cliente. Pequeños detalles, como el “no te doy anticipo hasta que me des una propuesta para ver si me gusta”, junto con su actitud y carácter, prendieron la alarma en mí.
Así que decidí no tomar ese proyecto. Hay veces que uno gana más rechazando proyectos con los que no estás cómodo que el dinero que puedas recibir. Y yo, en particular, soy muy selectivo con los proyectos en los que voy a invertir mi tiempo y mis ideas.
Por eso prefiero solo trabajar en proyectos que me agraden, y solo los que se que puedo llevar como debe de ser.
Si te quieres que haga tu proyecto a tu medida y tus necesidades envíame un mensaje.
Hasta aquí por hoy.
Enrique.

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