
Hace años descubrí que la tecnología facilita muchas cosas, pero también facilita distraerse.
Por eso empecé a construir un sistema analógico que siempre llevo conmigo.
Uso una Traveler’s Notebook Passport con tres cuadernos: uno para capturar ideas sin preocuparme por el orden, otro para escribir aprendizajes y reflexiones, y un tercero para hacer sketch y acuarela. Junto a ella siempre llevo un lector de tinta electrónica Xteink X4 para leer sin notificaciones y aprovechar cualquier momento libre.
Lo curioso es que mis mejores ideas para ArqEochoa y Trignum casi nunca nacen frente a una pantalla. Nacen caminando, leyendo, dibujando o escribiendo en estos cuadernos. Cuando las ideas ya están claras, entonces sí paso a la computadora.
Con el tiempo entendí que la tecnología es extraordinaria para almacenar información, pero el papel sigue siendo mi mejor herramienta para procesarla. Pensar también es parte del trabajo, aunque desde fuera parezca que no estoy haciendo nada.
No creo que todos deban usar una libreta o un lector de tinta electrónica. Lo importante es diseñar un sistema que proteja tu atención. Las herramientas no solo sirven para hacer más cosas; también influyen en la forma en que pensamos.
Yo uso herramientas digitales para producir, pero herramientas analógicas para pensar. Esa simple diferencia ha cambiado mi forma de trabajar.
¿Cuál es esa herramienta, analógica o digital, que realmente ha cambiado tu forma de pensar? Respóndeme este correo, me encantará conocerla.
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