Mira.
Siempre he sido una persona que disfruta mucho el agua. Entrené muchos años natación y era bastante bueno.
Por eso, para mí, las vacaciones soñadas siempre eran ir a la playa.
En aquel entonces, las carreteras no eran nada buenas, y para ir a la playa de Guadalajara, podías hacer hasta cinco horas o más.
Para mí, ese tiempo era eterno. Sufría mucho tener que estar en el auto tanto tiempo para llegar a la playa.
Eran horas interminables para mí.
Mi papá todo el camino iba contando sus aventuras de juventud: cuando le robaron un caballo en el rancho y dónde lo encontró, cómo conoció a mi mamá por una llanta ponchada, o sobre su Safari del año, que cada que llovía se le metía el agua.
Conforme crecía, estas pláticas se volvían más entretenidas para mí.
Hasta que llegó un momento en que me emocionaba salir en carretera por estas charlas con mi papá.
Mi papá murió hace 11 años, y recuerdo con mucho cariño esas horas de carretera que ya no se me hacían eternas.
Aprendí a disfrutar del camino tanto como del destino.
Y eso intento cada día: levantarme emocionado por lo que va a pasar hoy, disfrutar cada cosa que hago, esperando que el destino sea tan bueno como el camino.
Si tienes algún proyecto o consulta en la que pueda ayudarte, envíame un mensaje.
Hasta aquí por hoy.

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