Mira.
Hace muchos años, tuve una experiencia que me dejó una lección importante.
Cuando empecé en la construcción en la desarrolladora, tuve un maestro de obra excepcional.
Aprendí muchísimo de él y descubrí lo valioso que es tener un maestro en quien confiar.
Años después, cuando me convertí en arquitecto independiente, tuve otro maestro que también era muy capaz y en quien confiaba.
En ese entonces, teníamos mucha obra y un personal considerable.
Siempre he intentado mantener una jerarquía clara en mi obra.
Le pido al maestro, hago cuentas con él, y él se encarga de los albañiles.
Y yo siempre pago a destajo mis obras una fija en nomina y en aquel entonces, otra parte en efectivo.
Yo solo hacía cuentas con el maestro, y él con sus trabajadores, porque de cuatro o cinco obras, me llevaría la vida viendo las cosas directas con los trabajadores.
Pues resulta que en una obra donde tenía a los clientes de residentes de obra (de esos que estaban ahí todo el día), uno de los albañiles les dijo que yo no les pagaba a destajo, sino que por un sueldo fijo.
Ya te imaginas la bronca que se armó.
El cliente creyó que le estaba robando lo de la mano de obra y nos corrió.
El albañil que se quejó, casualmente, se quedó como encargado de la obra, y yo, obviamente, dejé de trabajar con el maestro que le robaba a los trabajadores.
Que quede claro que nunca le cobré de más al cliente; siempre fue lo acordado.
El problema es que el dinero no llegaba a donde tenía que llegar.
Así fue como aprendí la valiosa lección de asegurarme de que el dinero llegue a quien lo gana.
Estas son las lecciones que nos da la vida y por las que cada proyecto es mejor.
Así que, si quieres construir tu vivienda, envíame un mensaje, que yo me encargo que esto no pase otra vez.
Hasta aquí por hoy.
Saludos.

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