
Esta semana fue complicada.
Tengo varios compromisos con una obra nueva que está por comenzar y, al mismo tiempo, estoy diseñando nuevos proyectos.
Pero había algo más.
Un asunto personal que me tenía bastante preocupado y que, por más que intentaba, no podía quitarme de la cabeza.
Podía sentarme frente al escritorio.
Podía abrir Archicad.
Podía tomar una libreta y comenzar a dibujar.
Pero mi mente estaba en otro lugar.
Estaba pensando en alternativas, imaginando escenarios y tratando de encontrar una solución para aquello que me preocupaba.
Durante esos días entendí algo que, aunque parece evidente, muchas veces olvidamos:
la mente del arquitecto también forma parte del proyecto.
Y dependiendo de cómo se encuentre esa mente, el resultado puede ser completamente diferente.
El proyecto hecho por estrés

Creo que existen dos maneras muy diferentes de llegar a una solución cuando diseñamos.
Una utiliza el estrés.
La otra utiliza la creatividad.
Las dos pueden producir una respuesta.
Pero no producen necesariamente el mismo proyecto.
¿Cuántas veces te ha pasado que se acerca la fecha de entrega y, de repente, empiezan a aparecer soluciones?
Parece casi mágico.
Llevas días sin saber cómo resolver algo y, cuando quedan pocas horas, comienzas a trabajar a toda velocidad.
Terminas quince minutos antes de la entrega.
Y piensas:
“Trabajo mejor bajo presión.”
Durante mucho tiempo yo también lo creí.
Pero hoy pienso que muchas veces no es que trabajemos mejor bajo presión.
Simplemente aprendimos a trabajar bajo presión porque no conocemos otra manera.
Cuando el tiempo se acaba, el cerebro busca resolver.
Encuentra una respuesta.
La primera que parece funcionar.
Y muchas veces es suficiente.
El cliente recibe el proyecto.
La obra puede funcionar.
Nadie se queja.
Pero eso no significa que hayamos llegado a la mejor solución posible.
Quizá simplemente no tuvimos el tiempo ni la tranquilidad necesarios para descubrirla.
El proyecto hecho por estrés cumple.
El problema es que la arquitectura necesita algo más que cumplir.
El proyecto creativo

Los mejores proyectos que he diseñado no han aparecido cuando estoy intentando desesperadamente encontrar una solución.
Han aparecido cuando tengo espacio mental para pensar.
Cuando puedo observar.
Cuando puedo hacer preguntas.
Cuando una idea puede llevarme a otra.
Cuando puedo dibujar algo que quizá no funcione y después transformarlo en otra cosa.
La creatividad necesita cierta libertad.
Y esa libertad es difícil de encontrar cuando nuestra cabeza está ocupada intentando resolver constantemente otros problemas.
Creo que una de las cosas más difíciles del trabajo creativo actualmente es precisamente conseguir ese espacio.
Vivimos rodeados de estímulos.
Mensajes.
Correos.
Notificaciones.
Redes sociales.
Noticias.
Pendientes.
Reuniones.
Llamadas.
Problemas.
Y cuando finalmente nos sentamos a diseñar, pretendemos que nuestra mente cambie de estado inmediatamente.
Pero no funciona así.
Una mente que lleva horas reaccionando a estímulos externos difícilmente puede entrar de inmediato en un estado profundo de exploración.
La creatividad necesita atención.
Y para poder prestar atención necesitamos recuperar cierto control sobre nuestra mente.
Por eso creo que calmar la mente no es perder tiempo antes de trabajar. Es parte del trabajo.
La importancia de la calma

Eso fue exactamente lo que me ocurrió esta semana.
Tenía un problema que necesitaba resolver y mi cabeza estaba ocupada con él.
Cuando me sentaba a diseñar, una parte de mí intentaba trabajar mientras otra seguía pensando en aquello que me preocupaba.
Y cuando no podía resolverlo, buscaba distracciones.
Revisaba algo.
Veía el teléfono.
Me levantaba.
Hacía cualquier cosa que me permitiera dejar de pensar durante unos minutos en el problema.
Mi mente estaba funcionando.
Pero no estaba disponible para diseñar.
Podía hacer trabajo automático.
Podía contestar correos.
Podía resolver pendientes.
Podía avanzar en cosas que ya sabía hacer.
Pero me costaba muchísimo entrar en ese estado de pensamiento más libre que necesito para diseñar.
No podía conectar ideas de la misma manera.
No podía dejar que aparecieran esas soluciones inesperadas que muchas veces surgen cuando estoy tranquilo.
Y entonces entendí algo muy sencillo:
no puedes pedirle a tu mente que sea creativa mientras estás intentando sobrevivir mentalmente a otra cosa.
Finalmente el problema se resolvió.
Y casi inmediatamente sentí que mi cabeza volvía a tener espacio.
Después me llegó un resfriado bastante fuerte y apenas estoy recuperándome, pero incluso en medio de todo eso me quedó muy clara esta experiencia.
El estado mental desde el que trabajamos importa.
Mucho.
Cómo crear las condiciones para pensar mejor

No creo que podamos vivir sin estrés.
Tampoco creo que exista una fórmula que nos permita estar tranquilos todos los días.
Tenemos responsabilidades.
Problemas.
Familia.
Clientes.
Obras.
Dinero.
Imprevistos.
La vida simplemente ocurre.
Pero sí creo que podemos aprender a reconocer cuándo el estrés está ocupando demasiado espacio y crear pequeños rituales que nos ayuden a regresar a un estado más adecuado para trabajar.
A mí me funcionan algunas cosas.
Los rituales.
Tener una rutina antes de comenzar a diseñar puede funcionar como un puente entre el estado en el que venimos y el estado mental que necesitamos para crear.
Cambiar de ambiente.
Cuando estoy bloqueado, moverme de lugar puede ayudarme a romper el patrón mental en el que estoy atrapado.
Escribir.
Las páginas matutinas de Julia Cameron me parecen una herramienta extraordinaria para sacar de la cabeza aquello que está dando vueltas sin parar. A veces necesitamos ponerle nombre al problema antes de poder dejarlo a un lado.
Reducir estímulos.
El minimalismo digital, el aburrimiento y tener momentos sin pantallas pueden parecer cosas poco productivas, pero precisamente ahí puede aparecer el espacio mental que necesitamos para pensar.
Y, algunas veces, simplemente resolver el problema.
Hay momentos en los que ninguna técnica funciona porque existe algo que realmente necesita nuestra atención.
En esos casos quizá lo más productivo sea dejar de intentar diseñar durante un momento y resolver aquello que nos está consumiendo.
Después podemos regresar.
Pero regresar de verdad.
Diseñar también es cuidar la mente

Cada vez pienso más que ser arquitecto no consiste únicamente en aprender a utilizar mejores herramientas.
También consiste en aprender a utilizar mejor nuestra propia mente.
Podemos tener el mejor ordenador.
El mejor software.
El mejor escritorio.
Los mejores libros.
Pero si nuestra cabeza está completamente saturada, ninguna de esas herramientas va a producir por nosotros las ideas que necesita el proyecto.
La arquitectura necesita análisis, conocimiento y técnica.
Pero también necesita imaginación.
Y la imaginación necesita espacio.
Por eso hoy intento cuidar mucho más las condiciones desde las que trabajo.
No siempre lo consigo.
Hay semanas complicadas.
Hay problemas que inevitablemente ocupan nuestra cabeza.
Hay momentos en los que simplemente no podemos estar al cien por ciento.
Pero creo que reconocerlo también forma parte de ser un buen arquitecto.
Porque nosotros también somos una herramienta del proyecto.
Y una herramienta saturada difícilmente puede dar su mejor resultado.
El proyecto hecho por estrés puede llegar a entregarse.
El proyecto hecho desde la creatividad puede convertirse en algo mucho más.
Puede encontrar una solución que no habíamos imaginado.
Puede aprovechar mejor el lugar.
Puede responder mejor a las personas que lo van a habitar.
Puede convertirse en arquitectura.
Por eso cada vez intento construir una vida en la que el pensamiento creativo sea mi estado normal y el estrés una excepción que sé reconocer y manejar.
Porque al final, la calidad de nuestra arquitectura también depende de la calidad del espacio que dejamos dentro de nuestra propia cabeza.
Saludos.

Deja un comentario