Mira, te voy a contar una historia bien interesante.
Hace muchos años, dos genios, Wozniak y Jobs, fundaron una pequeña empresa en un garaje.
Esta empresa, Apple, se convirtió en uno de esos cuentos americanos de éxito, donde una buena idea despegó como cohete.
Apple tuvo un éxito rotundo con su Macintosh y se consolidó como una gigante de la tecnología.
Sin embargo, parte de lo que la llevó al éxito también la estaba llevando a la ruina: el perfeccionismo de Jobs.
Apple contrató a un nuevo CEO, John Sculley (famoso por el reto Pepsi del cual luego hablaremos), y después de un tiempo, corrieron a Jobs, de su propia empresa.
Pero esta historia no es sobre Apple.
En ese entonces, George Lucas invirtió una buena lana en una supercomputadora que hacía animación 3D.
Después, no supo qué hacer con ella y se la vendió a Jobs.
Esta supercomputadora se llamaba Pixar.
Jobs intentó venderla, pero tenía un problema: nadie sabía para qué servía una supercomputadora de animación 3D.
Así que Jobs pidió que hicieran algunas muestras de lo que se podía hacer, y así surgió Luxo, el pequeño video animado de una lamparita que sigue siendo parte del inicio de cualquier película de Pixar.
Después, hicieron la escena animada que está al inicio de la película de La sirenita (la del barco en la tormenta).
Aquí fue cuando Jobs decidió cambiar el rumbo.
En lugar de vender supercomputadoras, mejor haría películas. Así comenzaron a grabar Toy Story, y la historia de Pixar cambió por completo.
A veces, tenemos la respuesta justo frente a nosotros; solo hace falta cambiar un poco el rumbo.
Si tienes algo en mente para colaborar (una casa, una idea o una conversación), escríbeme.
Hasta aquí por hoy.

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