Mira:
Te voy a contar sobre el peor maestro que tuve en la universidad, pero que me dejó una gran lección.
Como te he comentado antes, estudié en el glorioso CUAAD de la U de G, y había un maestro de Estructuras que estoy seguro de que conoces si estudiaste ahí.
Este maestro llegaba 10 minutos antes a clase, y cuando comenzaba, ya tenía el pizarrón lleno de fórmulas, el momento, la cortante, las cargas axiales y cosas bonitas por el estilo.
Al final de la clase, tenías un cuaderno con un sinfín de fórmulas y problemas.
Al semestre siguiente, tuve otro profesor, uno de los mejores estructuristas de mi ciudad, y por lo mismo, tenía mucho trabajo.
Tuve cuatro clases en todo el semestre, pero en una clase, nos dijo:
- ¿Quién tuvo clases con el profesor X (el que te comenté antes)?
Casi todos levantamos la mano.
- ¿Quién de ustedes sabe de dónde saco toda la información que pasaron a su cuaderno?
Todos nos quedamos mirando, sin tener ni idea.
- ¿Y qué pasa si se les pierden sus apuntes?
Otra vez, todos nos quedamos sin respuesta.
- Lo primero que deben saber es cómo encontrar la información, para que pase lo que pase, siempre puedan recurrir a ella.
Así que nos explicó sobre las normas técnicas complementarias, sobre la información, dónde conseguirla, etc.
Y desapareció. Tres meses después, tuve unas cuatro o cinco clases, y se terminó.
Aquí me quedaron dos lecciones:
- No por qué alguien te diga algo significa que sea cierto.
- Lo más importante es saber dónde buscar.
Me recuerda una anécdota de Henry Ford que tal vez te cuente en otro correo.
Si tienes algo en mente para colaborar (una casa, una idea o una conversación), escríbeme.
Nos leemos.

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