Te comparto una estrategia que me abrió muchas puertas y me permitió mantener un trabajo estable durante mucho tiempo.
Hace unos 20 años, trabajé en una desarrolladora inmobiliaria. Entré a la empresa cuando estaba en cuarto semestre de la carrera, así que estaba bastante verde.
La empresa la dirigían tres ingenieros: uno a cargo de la obra, otro de los proyectos y otro de la administración.
Cuando llegué a la empresa, tenía seis meses de experiencia, así que todo era nuevo y tenía que inventar maneras de hacer las cosas. Fue muy divertido, y debo admitir que me fascina la idea de echar a andar empresas.
Empecé como apoyo en la elaboración de planos, pero poco a poco fui asumiendo más responsabilidades que se superpusieron con mis estudios, lo que afectó mi salud.
Ya te imaginas que trabajar en una empresa con más jefes que empleados es difícil. Tal vez luego te cuente más sobre eso, pero hoy quiero compartirte una estrategia que me ayudó a ganarme su respeto.
El encargado de proyectos era un ingeniero con un gran sentido del diseño. Mi papá, que también es ingeniero, diría que tenía “mirada de mujer”, mientras que yo diría que tenía ojo de arquitecto.
Sin embargo, no siempre tenía una idea clara de lo que quería, y yo, como “encargado de todo”, a menudo le pedía proyectos con ideas no muy funcionales.
Así que comencé a diseñar dos propuestas: una que cumplía con sus solicitudes y otra que reflejaba lo que realmente quería. Por supuesto, esto significaba el doble de trabajo para mí, pero llegó un momento en que ya solo me decía lo que necesitaba, y yo diseñaba libremente.
Hace poco me encontré con el ingeniero en la calle, y me dio mucho gusto saludarlo. Me ofreció trabajar con ellos de nuevo, lo cual me alegra mucho porque significa que mi trabajo fue valorado. Por supuesto, no dejaría mi emprendimiento por nada, pero da gusto haber dejado puertas abiertas.
Así que este es un consejo si trabajas para jefes que no siempre saben lo que quieren.
Un abrazo,
Saludos.

Deja un comentario