
Cuando pensamos en cómo se forma un arquitecto, normalmente imaginamos una escuela, un taller de proyectos, noches de desvelo y, finalmente, un título.
Pero la historia de la arquitectura también está llena de personajes que encontraron caminos diferentes.
Algunos aprendieron trabajando. Otros viajando, observando, leyendo o experimentando. Y algunos incluso llegaron a la arquitectura después de haber recorrido profesiones completamente distintas.
Aquí están cinco de ellos.
1. Le Corbusier: aprender mirando el mundo
Antes de convertirse en Le Corbusier, Charles-Édouard Jeanneret estudió en la Escuela de Arte de La Chaux-de-Fonds, donde se formó en artes aplicadas, dibujo y grabado.
Fue su maestro Charles L’Eplattenier quien lo orientó hacia la arquitectura. Después vendrían los viajes y los aprendizajes en los estudios de Auguste Perret y Peter Behrens.
No siguió una formación universitaria convencional en arquitectura. Su educación se construyó entre el arte, los viajes, los maestros y la observación.
Aquella mezcla terminaría convirtiéndolo en una de las figuras fundamentales del movimiento moderno.
2. Tadao Ando: aprender viajando
La historia de Tadao Ando parece todavía más improbable.
De joven fue boxeador profesional. Después comenzó a estudiar arquitectura por su cuenta.
Visitó templos, santuarios y casas tradicionales en Japón. Viajó por Europa y Estados Unidos para estudiar directamente los edificios que admiraba y llenó cuadernos con dibujos y observaciones.
Incluso cuenta que descubrió un libro sobre Le Corbusier en una librería de segunda mano y que llegó a copiar sus dibujos tantas veces que las páginas terminaron completamente negras.
Ando nunca obtuvo un título de arquitectura ni tuvo una formación formal con un maestro arquitecto. Su educación fue autodidacta: libros, viajes, observación, dibujo y oficio.
3. Mies van der Rohe: aprender con las manos
Ludwig Mies van der Rohe comenzó su formación mucho más cerca del material que de la teoría.
Trabajó con su padre, que era cantero, y posteriormente pasó por diferentes aprendizajes hasta convertirse en dibujante y diseñador.
Más tarde trabajaría en el estudio de Peter Behrens, donde entraría en contacto con algunas de las ideas que estaban transformando la arquitectura europea.
Su camino terminaría llevándolo a la dirección de la Bauhaus y posteriormente a Estados Unidos, donde su arquitectura basada en estructura, proporción, acero y vidrio tendría una enorme influencia.
Su historia demuestra algo importante: antes de comprender la arquitectura como una disciplina intelectual, también se puede aprender a entenderla desde la materia y el oficio.
4. Frank Lloyd Wright: abandonar el camino establecido
Frank Lloyd Wright sí pasó por la universidad, pero no terminó una carrera de arquitectura.
Estudió en la Universidad de Wisconsin y posteriormente, en 1887, abandonó Madison para trasladarse a Chicago.
Allí trabajó para diferentes despachos hasta llegar a Adler & Sullivan, donde trabajó directamente bajo Louis Sullivan durante seis años.
Ese aprendizaje profesional tendría una enorme influencia en su carrera.
Wright terminaría desarrollando una arquitectura propia, profundamente relacionada con el paisaje y con la idea de que un edificio debía formar parte de su entorno.
Su historia no es la de alguien que rechazó aprender. Es la de alguien que encontró que su aprendizaje necesitaba continuar fuera del camino académico convencional.
5. Buckminster Fuller: aprender entre disciplinas
Richard Buckminster Fuller es quizá el caso más radical de esta lista.
Fue inventor, diseñador, ingeniero, escritor y futurista. Estudió en Harvard, pero fue expulsado dos veces y nunca siguió una formación universitaria tradicional que lo llevara a convertirse en arquitecto.
Su interés estaba en resolver problemas.
¿Cómo construir utilizando menos recursos?
¿Cómo hacer estructuras más eficientes?
¿Cómo aprovechar mejor los materiales?
¿Cómo mejorar las condiciones de vida?
De esa manera llegó a desarrollar inventos como la casa Dymaxion y, posteriormente, las cúpulas geodésicas.
En 1954 obtuvo la patente para su sistema de cúpula geodésica, una estructura capaz de cubrir grandes espacios utilizando una cantidad relativamente pequeña de material.
Fuller entendía el diseño como una herramienta para hacer “más con menos”. Su arquitectura estaba profundamente relacionada con la ingeniería, la ciencia y una visión global del planeta.
Cinco caminos, una misma curiosidad
Le Corbusier, Tadao Ando, Mies van der Rohe, Frank Lloyd Wright y Buckminster Fuller no tuvieron exactamente la misma formación.
Y esa es precisamente la parte interesante.
La arquitectura puede aprenderse en una escuela, pero también en un taller, en una obra, en un viaje, en una biblioteca, en un museo o incluso en una profesión aparentemente alejada de ella.
Una escuela puede enseñarnos los fundamentos.
Pero aprender a mirar es algo que tenemos que hacer durante toda la vida.
Quizá por eso estos cinco arquitectos tienen algo más importante en común que la ausencia de un camino académico convencional:
ninguno dejó de aprender.
Observaron.
Experimentaron.
Viajaron.
Dibujaron.
Trabajaron con materiales.
Leyeron.
Se equivocaron.
Y volvieron a intentarlo.
Porque ser arquitecto no termina cuando recibimos un título.
En realidad, ahí comienza otra etapa del aprendizaje.
La arquitectura también se aprende viviendo.
Y quizá esa sea una de las mejores lecciones que podemos extraer de estos cinco personajes: no importa únicamente dónde aprendiste arquitectura, sino qué estás haciendo hoy para seguir aprendiendo a verla.
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